Número 61
(junio)
 

Divos de hoy

Fabio Armiliato:
"Hay óperas que parece
que las lleve dentro"

El tenor genovés Fabio Armiliato continúa sumando admiradores en el mundo entero y ahora más que nunca en territorio español, ya que sus actuaciones en diferentes teatros de la Península son cada vez más habituales. En mayo participó en la Manon Lescaut del sevillano Teatro de La Maestranza –escenario que conocía su visión de Andrea Chénier– junto a su pareja en la vida real, la soprano Daniela Dessì. En julio debutará en el Gran Teatre del Liceu barcelonés como Radames, siempre junto a Dessì.

 

Fabio Armiliato– Óper@ctual: El hecho de que su hermano, Marco Armiliato, sea director de orquesta permite imaginar que usted proviene de una familia de músicos. ¿Es así? En cualquier caso, cómo empezó en esto del canto? ¿Cuándo descubrió que tenía aptitudes y talento?
– Fabio Armiliato: Desde siempre he tenido una gran pasión por el canto y por el estudio de la voz. Mi padre, Roberto, me inculcó ya desde pequeño el hábito de escuchar a los grandes cantantes (en especial a los tenores, y de modo más especial aún a Beniamino Gigli). El contagio de esta bellísima enfermedad no tardó en producirse, habiéndome acompañado durante toda mi vida. Es verdad que hasta los 18 años no pude empezar a estudiar canto, pero seguí escuchando asiduamente ópera, incluyendo los títulos menos populares, y así cuando empecé la carrera de cantante me encontraba ya en posesión de un profundo conocimiento del repertorio, un conocimiento que me atrevería a decir acabaría convirtiéndose en una especie de ADN. De hecho, hay ciertas óperas que parece que las lleve impresas dentro de mí y de las que conozco todas las partes, desde la de la soprano hasta la del último de los comprimarios. Gracias a la educación recibida, y ya desde pequeño, adiviné en mí un talento especial para la música, que después no he hecho sino alimentar, y sobre todo una musicalidad que me ha guiado siempre a través del estudio de la técnica vocal. Estoy convencido de que se trata de ese tipo de musicali dad particular que el gran tenor Aureliano Pertile consideraba muy útil para ayudar a comprender los conceptos de exacto y bello en el canto y en la vocalidad.

– Ó. A.: ¿Cuáles son sus tenores favoritos? ¿Alguno de ellos ha sido para usted modelo de inspiración?
– F. A.: Siempre me ha gustado escuchar a los demás y prácticamente conozco a todos los tenores que han dejado testimonios discográficos. Antes me refería a dos de los más grandes, Gigli y Pertile, que han sido importantísimos para mi formación. Añadiré un tercero, también perteneciente a aquella edad de oro: Tito Schipa, por su grandísima musicalidad. Un auténtico genio de la vocalidad. Pero entre mis tenores favoritos, el que ha influído en mayor medida mi formación vocal y a quien considero más cercano a mi temperamento es Franco Corelli.

Su agenda

Después de participar en la Manon Lescaut sevillana el pasado mes de mayo, Fabio Armiliato se trasladará a Nápoles para cantar Adriana Lecouvreur durante la segunda mitad de junio. En julio debutará en el Gran Teatre del Liceu con Aida y en septiembre participará en la Manon Lescaut de los Amigos de la Ópera de Bilbao. En noviembre la Ópera de Roma lo espera para recuperar esa gran ópera que es Francesca da Rimini y comenzará 2004 en el Teatro Real de Madrid, donde cantará seis funciones de Tosca. En febrero será Chénier en Bolonia y en marzo se trasladará al Met neoyorkino para retomar su Mario Cavaradossi, papel que cantará en junio en el Liceu, escenario que espera su Pinkerton en julio de 2006.

– Ó. A.: ¿Qué repertorio es el que trabaja en la actualidad? ¿Cómo ha evolucionado y hacia dónde se encamina?
– F. A.: Mi repertorio es fruto de una evolución progresiva. Tras haber cantado al principio algunos papeles que eran excesivamente comprometidos para un tenor joven –en La Vestale, Norma y, sobre todo, La cena delle beffe– decidí dar un saludable paso atrás para dedicarme a papeles del repertorio lírico como Alfredo, Rodolfo o Edgardo: eso me ayudó a encontrar la necesaria disciplina y a reforzar el bagaje técnico óptimo para enfrentarme de manera más consciente a los roles del repertorio lírico spinto. He estado siempre muy atento a no forzar el ritmo a fin de evitar las trampas que la inexperiencia y el deseo de triunfar cuanto antes pueden crear. Hoy, con casi veinte años de carrera a mis espaldas, puedo afirmar que poseo la experiencia necesaria para poder afrontar, por ejemplo, el díptico Cavalleria rusticana-Pagliacci en la misma velada –como de hecho acabo de hacer en Trieste– o de cantar en la misma temporada óperas como Andrea Chénier, Manon Lescaut y Aida, todas las cuales exigen un gran compromiso vocal e interpretativo.

– Ó. A.: ¿Ha cantado algo de Mozart, Richard Strauss, Wagner o del repertorio francés?
– F. A.: De los autores alemanes, nunca. Del repertorio francés sólo Carmen y la Mireille de Gounod.

– Ó. A.: ¿Cuáles son sus papeles favoritos?
– F. A.: Mi papel favorito es, sin duda alguna, el de Andrea Chénier en la ópera de Giordano. Quizá podría compartir esta preferencia con el Des Grieux de la Manon Lescaut de Puccini por su ímpetu amoroso y juvenil y por la belleza de la escritura vocal que hermana a ambos personajes.

– Ó. A.: ¿Qué opina de la expresión “testa di tenore”? ¿Cree que el colectivo de los tenores son la personificación del ego?
– F. A.: Ése es uno de los muchos lugares comunes que se dan en el mundo de la ópera... La voz de tenor es probablemente la menos natural de todas y también la más delicada y, por tanto, el cuidado y la defensa de este bien tan precioso puede llevar a quien lo posee a incurrir en algún tipo de extravagancia que acaba traduciéndose en el imaginario colectivo en un equivalente de manía o incluso de locura. Creo que hoy día, en un mundo en el que basta aparecer un par de veces en televisión para pasar por famoso, no es difícil que cualquiera pueda sentir exaltado su ego de modo desmesurado a causa de una popularidad que, aunque sea momentánea, puede acabar transformándose en un peligroso boomerang. Yo creo en el trabajo y en el tiempo. Éste último es la medida de la carrera en el mundo artístico, con la continuidad en el calidad y, sobre todo, sin considerar nunca que se ha llegado, porque en el arte siempre queda algo por aprender. Es por ello que conviene tener la paciencia y humildad necesarias para obtener resultados que tengan una continuidad en el tiempo.

Fabio Armiliato

– Ó. A.: ¿Por qué cree que la ópera, un género genuinamente italiano, ha arraigado con tanta fuerza en el mundo?
– F. A.: La ópera es portadora de un lenguaje universal, la música, que en su caso aparece unido al canto y a la belleza melódica italiana. Esta extraordinaria combinación llega directamente al corazón y al alma con una fuerza tal que convierte a la ópera italiana en un patrimonio cultural del mundo entero.

– Ó. A.: ¿Qué piensa de la renovación de la dramaturgia operística? ¿Está de acuerdo con esos montajes que dan la espalda al libreto y que reinterpretan las óperas de repertorio?
– F. A.: No tengo nada en contra de los montajes modernos o incluso vanguardistas, siempre que mantengan el debido respeto por la música, por los cantantes y sobre todo por el público, que no creo que deba sentirse nunca agredido por producciones provocativas que le distraigan del disfrute de la música y el canto. Existen ciertas óperas que se prestan a las transposiciones temporales, pero hay otras que contienen referencias explícitas a hechos o personajes históricos y que no pueden ser forzadas por la interpretación del director de escena, que en estos casos debería, como nosotros, limitarse a ser intérprete y, en consecuencia, ofrecer al público una lectura clara y comprensible de los hechos narrados, con total respeto a la idea del libretista y compositor.

– Ó. A.: ¿Dónde y con qué papel debutó? ¿Ha cantado oratorios o música sinfónico-vocal?
– F. A.: Debuté en 1984 con el papel de Gabriele Adorno en Simon Boccanegra. En otros géneros he cantado el Requiem de Verdi y en obras de Chaikovsky, Beethoven y Casella.

– Ó. A.: ¿Dónde, cuándo y con qué papel debutó en España?
– F. A.: Fue con el Don José de Carmen en Palma de Mallorca, en 1992.

Fabio Armiliato– Ó. A.: Si no fuera cantante, ¿qué le gustaría hacer? ¿Le gusta el deporte? ¿Practica alguno?
– F. A.: Mis aficiones son múltiples. Cuando era muy joven empecé a dibujar tiras cómicas; me ha interesado siempre la electrónica y el mundo de las computadoras. En internet he creado y mantengo mi propia página web y también la de mi compañera, Daniela Dessì (www.fabioarmiliato.com - www.danieladessi.com). Además, he jugado al fútbol y soy un tifoso de la Sampdoria, el equipo de Génova, mi ciudad natal.

– Ó. A.: ¿Cree que su repertorio actual favorece a un tenor de sus características?
– F. A.: Creo haber adoptado las opciones correctas a lo largo de mi carrera y esto me permite escoger mi repertorio con pleno conocimiento de causa. Es realmente un auténtico privilegio poder cantar e interpretar los roles más importantes del repertorio de tenor en los principales teatros del mundo.

– Ó. A.: ¿Conoce la zarzuela española? ¿Le interesa el género?
– F. A.: Debo confesar que la conozco poco, pero creo que se trata de un género que exige un gran dominio del idoma y un profundo conocimiento de las tradiciones de España y sus distintas regiones. Además, ya hay grandes cantantes españoles que la cantan estupendamente.

Pablo MELÉNDEZ-HADDAD

 
 
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