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Divos de hoy
Fabio Armiliato: "Hay óperas que parece que
las lleve dentro"
El tenor genovés Fabio Armiliato continúa sumando
admiradores en el mundo entero y ahora más que nunca en territorio
español, ya que sus actuaciones en diferentes teatros de la Península son
cada vez más habituales. En mayo participó en la Manon Lescaut del
sevillano Teatro de La Maestranza –escenario que conocía su visión de
Andrea Chénier– junto a su pareja en la vida real, la soprano Daniela
Dessì. En julio debutará en el Gran Teatre del Liceu barcelonés como
Radames, siempre junto a Dessì.
– Óper@ctual: El hecho de que su hermano, Marco Armiliato,
sea director de orquesta permite imaginar que usted proviene de una
familia de músicos. ¿Es así? En cualquier caso, cómo empezó en esto del
canto? ¿Cuándo descubrió que tenía aptitudes y talento? – Fabio
Armiliato: Desde siempre he tenido una gran pasión por
el canto y por el estudio de la voz. Mi padre, Roberto, me inculcó ya
desde pequeño el hábito de escuchar a los grandes cantantes (en especial a
los tenores, y de modo más especial aún a Beniamino Gigli). El contagio de
esta bellísima enfermedad no tardó en producirse, habiéndome acompañado
durante toda mi vida. Es verdad que hasta los 18 años no pude empezar a
estudiar canto, pero seguí escuchando asiduamente ópera, incluyendo los
títulos menos populares, y así cuando empecé la carrera de cantante me
encontraba ya en posesión de un profundo conocimiento del repertorio, un
conocimiento que me atrevería a decir acabaría convirtiéndose en una
especie de ADN. De hecho, hay ciertas óperas que parece que las lleve
impresas dentro de mí y de las que conozco todas las partes, desde la de
la soprano hasta la del último de los comprimarios. Gracias a la educación
recibida, y ya desde pequeño, adiviné en mí un talento especial para la
música, que después no he hecho sino alimentar, y sobre todo una
musicalidad que me ha guiado siempre a través del estudio de la técnica
vocal. Estoy convencido de que se trata de ese tipo de musicali dad
particular que el gran tenor Aureliano Pertile consideraba muy útil para
ayudar a comprender los conceptos de exacto y bello en el canto y en la
vocalidad.
– Ó. A.: ¿Cuáles son sus tenores favoritos? ¿Alguno de ellos
ha sido para usted modelo de inspiración? – F. A.:
Siempre me ha gustado escuchar a los demás y prácticamente conozco a todos
los tenores que han dejado testimonios discográficos. Antes me refería a
dos de los más grandes, Gigli y Pertile, que han sido importantísimos para
mi formación. Añadiré un tercero, también perteneciente a aquella edad de
oro: Tito Schipa, por su grandísima musicalidad. Un auténtico genio de la
vocalidad. Pero entre mis tenores favoritos, el que ha influído en mayor
medida mi formación vocal y a quien considero más cercano a mi
temperamento es Franco Corelli.
| Su agenda |
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Después de participar en la Manon Lescaut sevillana el pasado mes
de mayo, Fabio Armiliato se trasladará a Nápoles para cantar Adriana
Lecouvreur durante la segunda mitad de junio. En julio debutará en
el Gran Teatre del Liceu con Aida y en septiembre participará en la
Manon Lescaut de los Amigos de la Ópera de Bilbao. En noviembre la
Ópera de Roma lo espera para recuperar esa gran ópera que es
Francesca da Rimini y comenzará 2004 en el Teatro Real de Madrid,
donde cantará seis funciones de Tosca. En febrero será Chénier en
Bolonia y en marzo se trasladará al Met neoyorkino para retomar su
Mario Cavaradossi, papel que cantará en junio en el Liceu, escenario
que espera su Pinkerton en julio de 2006. |
– Ó. A.: ¿Qué repertorio es el que trabaja en la actualidad?
¿Cómo ha evolucionado y hacia dónde se encamina? – F. A.: Mi repertorio es fruto de una evolución progresiva. Tras
haber cantado al principio algunos papeles que eran excesivamente
comprometidos para un tenor joven –en La Vestale, Norma y, sobre todo, La
cena delle beffe– decidí dar un saludable paso atrás para dedicarme a
papeles del repertorio lírico como Alfredo, Rodolfo o Edgardo: eso me
ayudó a encontrar la necesaria disciplina y a reforzar el bagaje técnico
óptimo para enfrentarme de manera más consciente a los roles del
repertorio lírico spinto. He estado siempre muy atento a no forzar el
ritmo a fin de evitar las trampas que la inexperiencia y el deseo de
triunfar cuanto antes pueden crear. Hoy, con casi veinte años de carrera a
mis espaldas, puedo afirmar que poseo la experiencia necesaria para poder
afrontar, por ejemplo, el díptico Cavalleria rusticana-Pagliacci en la
misma velada –como de hecho acabo de hacer en Trieste– o de cantar en la
misma temporada óperas como Andrea Chénier, Manon Lescaut y Aida, todas
las cuales exigen un gran compromiso vocal e interpretativo.
– Ó. A.: ¿Ha cantado algo de Mozart, Richard Strauss, Wagner
o del repertorio francés? – F. A.: De los autores
alemanes, nunca. Del repertorio francés sólo Carmen y la Mireille de
Gounod.
– Ó. A.: ¿Cuáles son sus papeles favoritos? – F. A.: Mi papel favorito es, sin duda alguna, el de Andrea Chénier
en la ópera de Giordano. Quizá podría compartir esta preferencia con el
Des Grieux de la Manon Lescaut de Puccini por su ímpetu amoroso y juvenil
y por la belleza de la escritura vocal que hermana a ambos
personajes.
– Ó. A.: ¿Qué opina de la expresión “testa di tenore”? ¿Cree
que el colectivo de los tenores son la personificación del ego? – F.
A.: Ése es uno de los muchos lugares comunes que se dan
en el mundo de la ópera... La voz de tenor es probablemente la menos
natural de todas y también la más delicada y, por tanto, el cuidado y la
defensa de este bien tan precioso puede llevar a quien lo posee a incurrir
en algún tipo de extravagancia que acaba traduciéndose en el imaginario
colectivo en un equivalente de manía o incluso de locura. Creo que hoy
día, en un mundo en el que basta aparecer un par de veces en televisión
para pasar por famoso, no es difícil que cualquiera pueda sentir exaltado
su ego de modo desmesurado a causa de una popularidad que, aunque sea
momentánea, puede acabar transformándose en un peligroso boomerang. Yo
creo en el trabajo y en el tiempo. Éste último es la medida de la carrera
en el mundo artístico, con la continuidad en el calidad y, sobre todo, sin
considerar nunca que se ha llegado, porque en el arte siempre queda algo
por aprender. Es por ello que conviene tener la paciencia y humildad
necesarias para obtener resultados que tengan una continuidad en el
tiempo.
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– Ó. A.: ¿Por qué cree que la ópera, un género genuinamente
italiano, ha arraigado con tanta fuerza en el mundo? – F. A.: La ópera es portadora de un lenguaje universal, la música,
que en su caso aparece unido al canto y a la belleza melódica italiana.
Esta extraordinaria combinación llega directamente al corazón y al alma
con una fuerza tal que convierte a la ópera italiana en un patrimonio
cultural del mundo entero.
– Ó. A.: ¿Qué piensa de la renovación de la dramaturgia
operística? ¿Está de acuerdo con esos montajes que dan la espalda al
libreto y que reinterpretan las óperas de repertorio? – F. A.: No tengo nada en contra de los montajes modernos o incluso
vanguardistas, siempre que mantengan el debido respeto por la música, por
los cantantes y sobre todo por el público, que no creo que deba sentirse
nunca agredido por producciones provocativas que le distraigan del
disfrute de la música y el canto. Existen ciertas óperas que se prestan a
las transposiciones temporales, pero hay otras que contienen referencias
explícitas a hechos o personajes históricos y que no pueden ser forzadas
por la interpretación del director de escena, que en estos casos debería,
como nosotros, limitarse a ser intérprete y, en consecuencia, ofrecer al
público una lectura clara y comprensible de los hechos narrados, con total
respeto a la idea del libretista y compositor.
– Ó. A.: ¿Dónde y con qué papel debutó? ¿Ha cantado oratorios
o música sinfónico-vocal? – F. A.: Debuté en 1984 con
el papel de Gabriele Adorno en Simon Boccanegra. En otros géneros he
cantado el Requiem de Verdi y en obras de Chaikovsky, Beethoven y
Casella.
– Ó. A.: ¿Dónde, cuándo y con qué papel debutó en
España? – F. A.: Fue con el Don José de Carmen en
Palma de Mallorca, en 1992.
– Ó. A.: Si
no fuera cantante, ¿qué le gustaría hacer? ¿Le gusta el deporte? ¿Practica
alguno? – F. A.: Mis aficiones son múltiples. Cuando
era muy joven empecé a dibujar tiras cómicas; me ha interesado siempre la
electrónica y el mundo de las computadoras. En internet he creado y
mantengo mi propia página web y también la de mi compañera, Daniela Dessì
(www.fabioarmiliato.com - www.danieladessi.com). Además, he jugado al
fútbol y soy un tifoso de la Sampdoria, el equipo de Génova, mi ciudad
natal.
– Ó. A.: ¿Cree que su repertorio actual favorece a un tenor
de sus características? – F. A.: Creo haber adoptado
las opciones correctas a lo largo de mi carrera y esto me permite escoger
mi repertorio con pleno conocimiento de causa. Es realmente un auténtico
privilegio poder cantar e interpretar los roles más importantes del
repertorio de tenor en los principales teatros del mundo.
– Ó. A.: ¿Conoce la zarzuela española? ¿Le interesa el
género? – F. A.: Debo confesar que la conozco poco,
pero creo que se trata de un género que exige un gran dominio del idoma y
un profundo conocimiento de las tradiciones de España y sus distintas
regiones. Además, ya hay grandes cantantes españoles que la cantan
estupendamente.
Pablo MELÉNDEZ-HADDAD
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