Noche belcantista
La soprano Daniela Dessi, el tenor Fabio Armiliato y el director Marco Boemi fueron, sin duda, los protagonistas de la gala lírica celebrada anoche en el Teatro Campoamor, de Oviedo. No son, lo que suele denominarse fuera de las bambalinas grandes figuras mediáticas, pero sí son, sin embargo, dos ases del universo del canto. Junto con la batuta de Marco Boemi, al frente de Oviedo Filarmonía, fueron anoche la esencia de la gala lírica organizada por la Asociación de Amigos de la Ópera de Asturias. Una gala que, pese a celebrar se en la víspera del día de Todos los Santos, uno de los días de éxodo en prácticamente todas las ciudades, la afluencia de público fue masiva. Les invitó a acudir tanto la calidad de los intérpretes como lo atractivo del programa. El patio de butacas se llenó y quienes asistieron lo hicieron en una noche musical interesante y muy agradable.
Tenía el programa un doble atractivo lírico: sinfónico y vocal. Respecto al primer punto, las oberturas e intermezzos seleccionados pueden figurar entre las páginas más elogiadas de la música sinfónica operística. Su atracción en el teatro está, por tanto, garantizada. Las voces y los maestros interpretados, Verdi, Puccini y Giordano, fueron tres de los pilares del concierto. Marco Boemi, el director, estuvo muy empático con el público y se convirtió en el otro ingrediente imprescindible para el buen recuerdo de la velada.
Al principio del concierto, Boemi dirigió unas palabras a los asistentes, mostrando su satisfacción por estar en el Campoamor. Quería, además, el director anunciar unos cambios en el repertorio, con los que dio más cohesión al programa. Entre las variaciones, 'La fuerza del destino', de Verdi, de la que se escuchó una versión llena de contrastes entre los diferentes motivos, ágil y rítmica, se tocó en la primera parte centrada en Verdi y Puccini. Algo que fue muy bien recibido en el patio de butacas. Con una versión muy detallista, en la dinámica, en la intensidad y en los matices, a Marco Boemi se le nota muy atento y contenido cuando cantan los protagonistas. Pone la orquesta al servicio de las voces, al servicio del canto.
Por otro lado, la 'Obertura de las vísperas sicilianas', de Verdi, sobre temas melódicos, sacados de la ópera homónima, desde el 'De profundis' al 'Adiós a la patria', estuvo muy bien matizada.
Páginas como el 'Vissi d'arte', famosa plegaria, de 'Tosca', un papel interpretado por Daniela Dessi en los grandes teatros del mundo, y el 'E lucevan le stelle', también de Tosca, que cantó Fabio Armiliato, figuran entre lo más hermoso del legado de Giacomo Puccini. Números ambos que fueron muy aplaudidos.
La apoteosis llegó con las arias y los dúos de 'Andrea Chenier' de Giordano, especialmente 'Improvviso' y 'La mamma è morta', donde una espléndida Daniella Dessis emocionó al teatro. Las propinas, guindas del recital, fueron la canción italiana 'Non discordar di te' y un improvisado brindis de 'La Traviata'. Noche de «¿bravos!», aplausos y, sobre todo, buen canto.

DÚO. Daniela Dessi y Fabio Armiliato, en una de sus muchas interpretaciones conjuntas. / E. C.
RAMÓN AVELLO - Elcomerciodigital - 01.11.07
Se puede hablar de tres tipos de recitales líricos. Uno encaminado al intimismo, que se proyecta en el lied; otro que se asemeja a un muestrario de recursos vocales sobre piezas inconexas en las que los protagonistas mueren y resucitan cada dos canciones, y otro, finamente, en el que la variedad de la gala lírica se apoya en una cuidada coherencia central. A este último tipo responde el excelente recital que anteayer, organizado por la Asociación de Amigos de la Ópera de Asturias, ofrecieron Daniela Dessi y Fabio Armiliato, acompañados por la Orquesta Filarmonía bajo la dirección de Marco Boemi. Había una intención, por parte de los cantantes y del empático director no sólo de agradar, sino también de emocionar, y lo han conseguido con creces. Pocas veces se han escuchado tantos '¿bravos!' en el Campoamor como el pasado miércoles.
Recital de altísimos vuelos. Boemi es un director con un gran sentido del movimiento interno, del color, equilibrio sonoro y exquisito cuidado a la hora de arropar la línea del canto. Realizó una plástica y amena dirección, de la que recordamos especialmente el Intermezzo de 'Manon Lescaut', de Puccini. Frente a otras versiones también muy interesantes de este Intermezzo, como la tensa concepción expresionista que escuchamos en el mismo teatro a Elena Herrera, Boemi propone una recreación más de perfiles románticos, muy bien matizada y dúctil. Gusto Boemi, y gustó la orquesta, especialmente las cuerdas.
Es la segunda vez que Fabio Armiliato actúa en el Campoamor. Dejó una gratísima impresión. El tenor posee una buena potencia de voz, una emisión redonda y un timbre muy hermoso en los registros medio y bajo. Armiliato cantó con calor y expresividad en un programa variado que iba desde el suave lirismo de 'E lucevan le stelle', de Puccini, a la acentuada rotundidad del aria de 'Eugene Oneguin'.
Excepcional Daniela Dessi, una soprano de timbre anaranjado, matices aterciopelados, amplia tesitura y un registro dramático, muy expresivo. Momentos estelares de su actuación fueron la melancólica 'Plegaria', de Tosca; la agitada melodía de Leonora 'Pace, pace', de 'La fuerza del destino', y, muy especialmente, el aria 'La mamma e morta', de Andrea Chenier. Un regalo para el oyente -no estaba esta aria en el programa- y una apoteosis para la cantante.
RAMÓN AVELLO - Elcomerciodigital - 02.11.07




